“La felicidad solo tiene sentido cuando es compartida” y este sueño de Lorca, hecho realidad por Baraka Teatro, es seguir compartiéndola. El público no es solo un observador pasivo de lo que ocurre en escena, nunca lo es en realidad, porque todo lo que ve le hace activar su memoria, sus emociones, sus sueños y hasta es posible que alce su voz o su zapato si a él se aproxima el zapatero remendón. O Dalí, con su explosión de colores.
En la Sala Pequeña del Teatro Español asistimos maravillados a un espectáculo que conjuga lo humano y lo poético de tal forma que es imposible cercarlo con palabras. ¿Cómo explicar una pompa de jabón? ¿Por dónde empezar a hilvanar los adjetivos que hagan más bella la sonrisa de un niño?
Sara Campbell, Luis Escudero, José Manjón, Ana Mª Montero y Roberto Yagüe nos introducen con su música, su poesía y su propia experiencia personal en el mundo mágico de Federico García Lorca. Nos hacen partícipes de ese sueño de las manzanas, de ese niño que habla con los árboles, del amor y de la pasión de un poeta cuajado de guirnaldas.
A través de un texto que parece escrito en color púrpura, los cinco actores nos invitan a recorrer algunos de los rincones de la vida y obra de Lorca. Una joya visual ante la que el espectador sucumbe ahogado en emoción y ternura. Un montaje lleno de matices y texturas que se disfrazan para mostrarnos una verdad. La verdad de la pasión por la vida. La verdad de la inocencia.
“Sueño Lorca o El sueño de las manzanas” consigue engrandecer la figura del poeta granadino al tiempo que acerca su corazón a todos los corazones. Porque ese era, es y será Federico, un hombre-niño capaz de las más grandes genialidades sin perder de vista su honda condición humana.
Sirva esta crónica para felicitar a su directora María Caudevilla y a los cinco actores que han hecho posible este pequeño milagro.
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